El Rey ha muerto

 

 Por Jaime López

Janis Joplin quedó enterrada viva en el blues, como indica el título de uno de los cortes de su último álbum fonográfico, aquel que quedó instrumental, con un solo canal en sepulcral silencio, esperando la sesión a la que ya no llegó la amada Perla de Porth Arthur, Texas, esquina con Louisiana, en el Golfo de México... y los surcos en el acetato son olas que la arrullan para siempre.

Los discos no sólo tienen que ver con la moda, esa muerte súbita que se juegan los combinadores del sonido con el tiempo desde la antigua mar del scratch al actual arponazo laser que sopla en el campactdisc, sino también con la vida para siempre, con esa eterna compañia ahí donde se agarran las raices.

 Y dentro de La leyenda del tiempo es en cinco de las composiciones donde la poesía de Federico García Lorca es revivida y recreada por el Gitano de San Fernando, antigua Isla de León, en Cádiz, quien desde los ocho años de edad, según cuentan, ya cantaba en público y tras más años de juergas, fiestas, madrugadas y reconocimientos de ese mismo ambiente bohemio andaluz, a fines de los sesenta, hizo su formal arranque en los fonogramas con Paco de Lucía a la guitarra.

Una década despues es Tomatito quien la pega a la de seis cuerdas en ocho de los diez temas de la Leyenda del tiempo.

 Esta caravana gitana nos va recorriendo desde la que da título al álbum, en el principio, pasando por el Romance amargo, Homenaje a Federico, Mi niña se fue al mar, La Tarara, Volando voy, Bahía de Cádiz, Viejo Mundo, Tangos de la Sultana, hasta destacar la manera singular en el corte final con Nana del caballo grande, donde un Ravi Shankar, que es más bien Gualberto, ejecuta una cítara que da la atmósfera ritual, incienso que se huele por los oídos, al oficiante: el cante del Camarón cada vez más desgarrado y jondo.

La India y Andalucía se unen en el etéreo estéreo de un cuarto pagano al otro lado del Atlántico, cinco pisos sobre el nivel del pavimento, en el DF como en algún otro punto del planeta. La telepatía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

 

 El sueño va sobre el tiempo/flotando como un velero. Nadie puede abrir semillas/en el corazón del sueño.

El tiempo va sobre el sueño/hundido hasta los cabellos. Ayer y mañana comen/oscuras flores de duelo.

Sobre la misma columna, /abrazados sueño y tiempo,/cruza el gemido del niño, /la lengua rota del viejo.

Y si el sueño finge muros/ en la llanura del tiempo,/el tiempo le hace creer /que nace en aquel momento.

 

El rock se ha nutrido desde sus inicios de distintos ríos del mundo. En el principio fue el Delta del Mississippi. Pero bolero en inglés fue lo que posteriormente hicieron los Beatles cuando empezaron a pegar, por ejemplo.

Así el flamenco ha aportado toneladas de lava hirviente a las venas del rock (The end de los Doors y Paint it black de los Stones, entre muchas, lo confirman).

Y el rock luego empezó a hacer tierra en Andalucía, según las palabras del Camarón en aquella entrevista de 1990: "Para hacer rock gitano hay que ser, por lo menos, gitano..., haga lo que haga, siempre voy a moverme en la misma onda.

 Al abrir la cripta, en La Leyenda del tiempo se encuentra enterrada viva en el cante jondo la voz de Camarón de la Isla. Producida en 1979 por Ricardo Pachón y Flamenco vivo y distribuida por Philips-España, esta aventura musical fue para José Monge Cruz (más conocido en su arte como Camarón de la Isla) la catapulta que lo lanzó desde las más locales y hondas raices del flamenco a la universalidad de sonidos contemporaneos como el rock y el jazz y, de paso, lo reconectó por ahí con la tradición de la raga, quizá el origen en el Oriente de todo este cante.

Pero el flamenco es el flamenco porque, como dijo con contundencia el Camarón en una de las raras ocasiones que se dejó entrevistar, esa vez por Joaquín Albaicin: "No se puede hablar de 'flamenco moderno' porque o se hace flamenco o se hace otra cosa. El flamenco seguirá siendo flamenco aunque metas cosas de rock, de reggae o de lo que sea, y un rock será siempre un rock aunque intercales una falseta de bulería. Hay unos límites para cada cosa, y unos elementos musicales que predominan y marcan la pauta a los otros. Lo que sí pasa, y ha pasado siempre, es que cada cantaor aporta su estilo, su forma, sus ideas propias, pero dentro de las fronteras del flamenco."

 A García Lorca le ponen música el mismo productor Ricardo Pachón y Veneno, quien a la vez lo hace con una letra de Omar Kayan (Viejo mundo, /que el caballo blanco y negro/del día y de la noche/atraviesa a galope...

Quiero al amante/que gime de felicidad,/y desprecio al hipócrita/que reza una plegaria...).

Incluidos dos autores y un compositor más, son Pachón y Veneno los principales en este álbum y hay sólo una letra de dominio popular: La Tarara. Pero es siempre García Lorca el fantasma que sale como humo de cigarro de la boca de Camarón...

¡Ay qué trabajo me cuesta/quererte como te quiero! Por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero.

Además de las tradicionales palmas, voces, baile y guitarra flamenca, a esta aventura musical se agregan instrumentos nada ortodoxos en el terreno como bajo, batería, percusión, piano Fender, moog, teclas, guitarra eléctrica, flauta, bajo delay y cítara. Todo ejecutado por una tribu que va desde los de casa, como Tomatito, hasta el jazzista Gualberto, pasando por una multitud nada anónima y bien acreditada en la funda interior, para quien desee ahondar en la lista.

 

Lo más parecido al rock que yo he grabado ha sido La leyenda del tiempo...A mí me gustaría llevarla a los escenarios, pero lo que pasa es que el público de masas no sabe, muchas veces, ni lo que oye, no distingue ni selecciona, sólo quiere que le den ritmo y marcha. Y hay que tener cuidado con lo que se hace, no salirse de los límites del flamenco, que los tiene. Habría que encontrar una raíz musical pura, y el flamenco es lo más antiguo de todo..."

A mediados de 1992, a sus cuarenta y un años de edad, Camarón ha muerto. Embalsamemos al Faraón del Cante Jondo.

¡Viva el Rey!

Los discos son los libros que de este siglo en adelante conservarán vivas las voces hasta que nos desintegre el destino, Apocalipsis aparte.

Publicado en La iguana del ojete. Verano de 1993. México D.F. No. 2.

[MapH][Camarón de la Isla] [Discos] [Direcciones y Libros]