“La frontera me abrió el cuerpo y el rock la cabeza”: Entrevista con Jaime López

Publicada en el Ezine Tepoch.org de Chicago, Estados Unidos (www.tepoch.org)
Entrevista de Luis F. Soto
A Wendy, por los discos.

Al rock le pasa como pasa con la nobleza: empiezan cruzándose diversamente, hasta que ya nomás se cruzan entre ellos mismos y generan atrofias: JL

No muchos roqueros saben quién es Jaime López, pero –si no todos– la mayoría ha escuchado una de sus canciones, que podría ser como una tarjeta de presentación: “Chilanga banda” que en 1996 Café Tacuba convirtiera en éxito radial.
Sin embargo, pocos músicos y compositores de su tiempo merecen una atención más firme y trato más cuidadoso a la hora de escuchar su propuesta, en la que igual se encuentran endecasílabos perfectamente medidos y rapeados que rocanroles, pegajosas cumbias o el sabor norteño de la música de cantina que se escucha en el norte. Y es que López tocó y fue tocado por corrientes musicales en transición, en las que otros se detuvieron y de las que no sólo evitó el anquilosamiento, sino salió enriquecido.

Sin hielos que romper en entrevista vía telefónica, Jaime nos habla de su vida, sus preocupaciones y vagancias musicales.

La canción política de Jaime López se ha caracterizado por andar en un plan más antropológico en la cultura urbana y sin sermonear. ¿Cómo logras este sentido de crítica?

Pues no proponiéndomelo. Luego uno es el que anda generando miedos, para uno mismo y para los demás y lo peor de todo es que los sostienes con discursos. Yo nunca he tenido muy claro el rollo urbe, de alguna manera vine a dar aquí al DF ya algo crecidito, aunque muchos dicen que a los 16 años no, yo cuando llegué ya estaba muy echadito a perder gracias a la frontera. Digamos que yo a la ciudad de México la seguía viendo como una ciudad fronteriza. Todo lo que me llamaba la atención era lo mismo que me llamaba la atención de Juárez o de Nogales y de alguna manera estar en el DF me hizo apreciar esos lugares que ya para entonces para mí eran distantes. Más que una visión de urbe tengo una visión fronteriza de la ciudad, de la gente, de las cosas.

¿Que distancia guardas de la trova panfletaria?

Bueno, más bien ellos son los que guardan distancia conmigo. Mira, esa gente es excluyente, no incluyente por sistema. Viví esos ambientes cuando las peñas empezaban, yo era una especie de prófugo de otras cosas y fui a dar a Coyoacán y conocí en el 73 a muchos exiliados de Chile, mucha gente de Sudamérica y con mucha gente me llevé muy bien.
Los problemas empiezan cuando se comienzan a generar sectas, es cuando eso se va volviendo discurso y por añadidura panfleto y por añadidura propaganda. Me ha tocado ver a nivel vernáculo, cómo ha afectado a mucha gente ese especie de “estrellato alternativo”, gente que se puede dar el lujo de hacer actos de solidaridad porque gana muy bien.
Hay mucho exhibicionismo al respecto, esa es la distancia que yo guardaría porque, primero, me acepto psicológicamente, como buen enfermo, como un exhibicionista, hasta como un snob, pero precisamente el dedicarme a esto me ha hecho consciente de que soy un profesional del exhibicionismo. Me preocupa cuando esta gente de trova es nada más exhibicionista en sus actos solidarios, no sé si quieren que le pongan su nombre a una calle o andarse pavoneando en vida diciendo “yo salvé al mundo”. Y para colmo, creo que la mayoría no son muy buenos en lo que hacen. Digo, todavía se la puedes pasar a Serrat o a Silvio Rodríguez que han logrado por lo menos 20 canciones buenas, si lo has logrado pues aúlla todo lo que quieras.
Entonces yo creo que Charly García, Serrat, Sabina y Silvio Rodríguez vienen contratados y bien pagados. Ellos sí se pueden dar el lujo de cantar en el zócalo gratis porque le pagó muy bien la compañía que los trajo y tiran su limosna por ahí y diluyen los esfuerzos que a mucha gente sí nos toca enfrentar aquí en el tan cacareado subdesarrollo. El problema es que uno no tiene la misma fuerza pública que ellos y muchas veces si te opones caes en lo mismo, estas haciendo un antimanifiesto que al final de cuentas es manifiesto, con la desventaja de que mucha gente vernácula te malincha. Entonces al hacer manifiesto, sectas y subsecuentes instancias lo único que están haciendo es filtros de poder para que estés o no incluido.

A ti se te conoce por ser heterodoxo en todos los géneros musicales ¿Qué puedes decir al respecto?

Como te dije, nací en la frontera y al menos en el tiempo que nací eran muy heterodoxos ahora se han vuelto más homogéneos incluso hay muchos clichés de la frontera, pero a mi la frontera me abrió el cuerpo y el rock me abrió la cabeza. Te puedo decir que la primera vez que oí rock, no es porque se haya puesto de moda “La Bamba” después, pero yo fui de los primeros admiradores de Ritchie Valens y para mi la mejor versión sin despreciar la folclórica es la de Valens porque conlleva muchas cosas, es la primera canción que entró en el hit parade y sin rubros de “rock en español” ni nada. Ése es el rock que yo oí. Claro, me gustaba más el rock negro o que tuviera que ver con cierta rítmica.
Posteriormente todo lo que tuviera que ver con la música norteña que para mi era como nuestro rocanrol, es lo que a mi me gustaba, entonces el rock me dijo “este es el folclor de los folclores, el cantar de los cantares”, es permitido, siempre y cuando lo conozcas, revolver lo que se te ocurre y no revolverlo si no lo conoces. Entonces tú ves en los Beatles igual esa heterodoxia, la ves en Dylan, hasta en los mismos Rolling Stones, algunos son más clavados con un sólo género; yo apenas empiezo a descubrir lo que podría ser mi género, más allá del masculino, desde luego.

A pesar de que has incursionado en varios géneros musicales populares no mucha gente sabe de tu obra, ¿No crees que eso mismo te hace de alguna forma elitista y tu música sólo es para conocedores?

No. Esto tiene que ver más con la historia de la música popular en los últimos 30 o 40 años, creo que nos hemos vuelto más ignorantes que conocedores. Yo no tengo la culpa de que muchas veces la gente ignore lo que le antecedió, yo he tratado de ver lo me antecedió y por eso he hecho esos experimentos. Como compositor tú tienes un panorama muy abierto, claro a veces se te olvida que además de compositor eres intérprete, entonces como intérprete de mi mismo ha sido más problemático, incluso gente que me ha rechazado dentro del rock o del folclor en su momento, pero lo que es curioso es como mis intérpretes son muy variados.
Me gusta el rock y toda esa perspectiva, y yo incluyo todos esos géneros dentro del rock y de alguna manera trato de resolverlos con una voz personal, si yo hago una cumbia, es una cumbia hecha por un rocanrolero, si hago un corrido es un corrido hecho por un rocanrolero, el problema es que el ambiente en México ha sido muy cerrado inversamente a lo que sucedió en el resto del mundo que era muy abierto en lo experimental. Aquí si no eras un rocanrolero con todos los clichés del rock, o eras cumbiero o eras jazzista. Y todavía siguen rifando esos criterios sectaristas que luego a uno lo hacen parecer elitista cuando supuestamente uno debería ser popular. En 1975 en las peñas a mí me decían: “Tu música es muy intelectualoide y no la entiende el pueblo”. Yo siempre decía, “po’s si yo vengo del pueblo”, y estaba seguro de que la gente sí podía entender lo que yo hacía, lo que pasaba es que no estaba en una instancia masiva. Diez años después llegó un productor, me descubrió, cantaba yo prácticamente lo mismo y la gente se pudo enterar a nivel más masivo y se rompió ese criterio.

“Por mi raza hablará el Piporro”

Nacido en Matamoros, Tamaulipas, su infancia en la frontera lo marcó y 34 años de vivir en el DF y otras ciudades lo definen como un fuereño forever. “Yo creo que soy de Matamoros, creo que soy de Juárez, creo que soy de Nogales, creo que soy del DF aunque si voy a cualquiera de esos lugares me ven como un fuereño, sin embargo esos lugares me pertenecen”
Para usar dos ejemplos significativos de cómo conviven en Jaime estas dos culturas. Por un lado, “El mequetrefe” nos muestra una inmersión en lo urbano a ritmo tropical y “Del calor a lo frío” en acordes norteños nos habla de cómo registra los diferentes espacios geográficos y lingüísticos de México.

Después de la muerte de Piporro, en una entrevista Carlos Monsiváis dijo que el Piporro inventó una idea de norte, ¿Cómo influyó en ti como músico?

Mira, Monsiváis suele decir muchas pendejadas, pa’ empezar. Yo creo que toda la gente inventa cosas, a final de cuentas también se ha inventado la mexicanidad, ya ves que el norte es un mito, hay muchos nortes. Pero para mi el Piporro siempre significó realmente la lengua nacional. Los árabes de alguna manera en su cultura tan del desierto dicen que lo único que puedes llevar siempre es la lengua, la puedes cargar y el Piporro para mí era como mi corán.
La manera de hablar del Piporro no es sólo localista, es una manera muy ingeniosa de tomar algo muy local y hacerlo, creo yo, universal. Él es realmente un intelectual, no Monsiváis. Ya si lo ponen como un ente meramente pintoresco, pues allá cada quien.

Luego trabajas con él y haces una canción de taconazo, pero en tu estilo. ¿Qué opinó Piporro de “Por cigarros a Hong Kong”?

Fíjate, yo había hecho esa canción 20 años atrás pensando desde luego en el Piporro, y siempre era como mi cartita a santoclós: alguna vez producirle un disco. De hecho yo empecé con Nordaka y parte de Desenchufado, que viene a ser casi lo mismo, como bosquejos para producirle un disco al Piporro. Partiendo obviamente de lo que el Piporro me había dado y todo lo que yo había vivido piporrescamente, y me hacía soltar de primera intención. Una vez toqué en Monterrey y él cayó a oírme, y ahí nos contactamos. Le dije qué estaba haciendo, le enseñé y me dice: “No, padre, pero pues ‘ora si que son tus canciones, yo con gusto participo”; y ya le digo pues escoja. Yo le di a escoger y afortunadamente escogió la canción que principalmente yo quería que cantara: “Por cigarros a Hong Kong”. Me imagino que fue como una especie de narcisismo, se vio reflejado. Ya cuando la opción B era que si no cantaba todo, decía bueno pues yo quiero aunque sea uno de sus solos filosóficos. Y también escogió “Ay, Mesa de Otay”, pues ‘ora sí que salí rayado. Y lo demás fueron dos, tres noches muy padres. Era un hombre que no paraba. Entonces para mí sí es una gran pérdida; por un lado la personal. Estará ahí ya nomás aunque sea en espíritu porque po’s igual: por mi raza hablara el Piporro.

A la obra de Ramón López (Velarde) la caracterizó su fascinación por las esdrújulas, ¿A ti de dónde te viene el gusto por las aliteraciones?

Pues mira, yo pongo al Piporro como la lengua nacional, pero detrás del Piporro hay muchos piporros. Afortunadamente de chavo viví en ambientes de un lenguaje muy dinámico. A lo mejor yo lo que hago al aterrizarlo es matarlo un poco. Muchas de las aliteraciones son la musicalidad propia; yo me acuerdo que un día a principios de los ochenta, cuando más nostalgia tenía de mi infancia en la frontera y me puse a decir: “Te toca a ti pagar el pato, bato, no le saques, no me digas que te vale, gato flaco, ya no jales, que te toca a ti pagar el pato;”. Así. Y de estar con ese soliloquio, dije suena bien, me seguí y salió “Cáete cadáver”. Remueves algo que está ahí dentro. Yo insisto, si viviste con un montón de gente y en un montón de ambientes a veces, aunque te aísles y estés encerrado, salen las multitudes.

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Biografía:

Jaime López
Nació en Matamoros, Tamaulipas, el 21 de enero de 1954.
Hasta la fecha es papá de 8 discos y dos libros (Lírica y 54’tonadas).
Seciones con Emilia (1980), 1ª Calle de la Soledad (1985), ¡¿Qué onda, ése?! (1987), Jaime López en New York (1989), Desenchufado (1992), Nordaka -con la participación de “el piporro”- (1993), Odio Fonky -con José M. Aguilera- (1994), Y mi voz que madura (2002)

Aunque desconocido para la mayoría, J.L. siempre ha estado bajo la lente de los críticos: “Sus canciones cuentan entre lo más afortunado, innovador e inteligente de la literatura mexicana.” José Joaquín Blanco