López comenzó en el '69 a perfilar la idea de ser (por no dejarlo con los Beatles) no exactamente un artista en el ambiguo sentido de la expresión sino un músico que, desde la comedia, por no mencionar el teatro de los clásicos escolásticos, se proponía la interpretación a partir de sus propias composiciones y los géneros de la música popular del mundo oída en México, que eran, sin artificios, la estructura de su existencia.

Hasta hoy cinco discos grabados, dos cassetes y cuatro sencillos (de cumbias, rock, boleros y un tanto cuanto ensalada López) hablan mejor de la trayectoria de Jaime que el afán curricular de los biógrafos. No obstante, el escritor y cronista José Joaquín Blanco lo ubica entre los armadores de versos menos improvisado de esta ciudad de México, considerando, además, que "el mejor Jaime López es en vivo...".

Ahora tenemos, simplemente, a un López que echa andar foros, hace y deshace grupos de música de acuerdo al tirón de la modernidad, construye repertorios de intérpretes y sostiene, sobre todo, una imagen artística que sobrevuela la frágil presencia de los tiempos nuevos.

No hablemos de épocas, de tiempos idos, sino de gente -viva- que hoy canta y baila y habla hasta agotar los recursos de la voz, los actos en escena y los hechos de la lengua que lame el centenario con la desfachatez de los dichos. Ponga usted en la rockola los viejos boleros en sus tiempos nuevos o las norteñas de ahora o las cumbias que mueven las curvas de los años noventa o el rock de la década que abre a solas las rolas de López. Y la comedia también, algo de teatro y comicidad, de dichos hechos cuando López se adelanta a Jaime, de canciones dichas como un teatro hecho.

 

JAIME LOPEZ, PERFIL BIOGRAFICO
AUTORRETRATADO

El 21 de enero de 1954, nací en Matamoros, Tamulipas.
Mi infancia siguió transcurriendo en Ciudad Juárez, Chihuahua, y Nogales, Sonora; es decir, viví esa etapa en gran parte de la frontera norte de México.
Mi adolescencia empezó en Cerro Azul, Veracruz. Ahí, en esa zona de la Huasteca, comencé a tocar la guitarra y, por añadidura, a componer canciones allá por 1968.
Desde finales del '69 vivo en la ciudad de México, D.F., donde, para bien y para mal, he subdesarrollado mi trabajo.

 

JAIME LOPEZ A SOLAS EN SUS ROLAS
(a manera de texto para programa de mano)

En el año de la aparición del metro y arrancando el postsesentaiocho, a la edad de casi dieciséis, Jaime López le cayó a la capirucha una mañana gris, acá, a la benemérita y muy leal ciudad de México, Distrito Federal: el D.F., mano.

Y, hablando de la chilanga banda, es a una buena parte de adolescentes de entonces a quienes toca dar la cara a las consecuencias del movimiento estudiantil del '68 -a esa posterior represión aún más sutil pero civilmente patente- y, aún hay más, tratar de sacar el barco del atolladero. Así que, pese a la desbandada avandariana, he aquí el lado oculto de la canción: la rola.


La década de los setenta, con la desaparición lenta y dolorosa de tranvías y palmeras y el súbito surgimiento de los ejes viales, fue para Jaime López el tiempo de echar, como un canto rodado o rolling stone, a rolar sus rolas.

Luego la época de las parabólicas, los ochenta, resultó ser de pruebas varias entre el lado culto y el lado expuesto, exhibido y hasta exhibicionista de la canción.

Con un terremoto a medio decenio que le parte toda su, ya para entonces, ciudad adoptiva (el DF del Mequetrefe, vaya), López ha empezado a publicar.

Además de sus grabaciones yun vasto material grabado por intérpretes que van surgiendo; se presenta en numerosos y distintos lugares; hace programas de televisión y radio y algunos temas para cine y video, se lanza con obras de teatro; se habla mucho de él en periódicos y revistas e incluso se va manifestando en el sujeto una entrevistitis aguda; pese a ello, continúa escribiendo, cantando, tocando, actuando y sigue la rola andando...

 Y en el arrancón de esta década, según Nostradamus la del ya váyanse enfriando, los celuláreos noventa, vuelve al punto de partida: una vez más solo con su alma, su guitarra, su amplificador, su cuerpo, su voz, sus rollos y... ahí anda, pues, de nuez en el rol: Jaime López a solas en sus rolas.

 

JAIME LOPEZ EN TONO CURRICULAR
Después de dos décadas completas (setentas y ochentas) en la ciudad de México con sus diversas y varias experiencias musicales, que van desde el submundo local hasta la cosmopolita escena neoyorquina, pasando por el vernáculo "ambiente exitoso", donde logra hacer sonar sus canciones Ella empacó su bistec, El Mequetrefe y Bonzo, más su telúrica incursión en el Festival OTI '85 con el Blue Demon Blues, López deja parte de todo eso grabado en cinco discos de larga duración: Sesiones con Emilia (1980), 1a. Calle de la Soledad (1985)/(1993), ¡¿Qué onda, ése?! (1987), Jaime López (1989), Odio Fonky (1994) y Desenchufado (1998); a lo cual hay que agregar las numerosas grabaciones que han realizado sus intérpretes, de entre quienes destaca Cecilia Toussaint como la principal.

En lo que va de los noventa, Jaime López ha presentado en distintos bares y cafés de la capital de la República sus recitales músico-teatrales El diario de un López (1990) y Rolando Trokas (1991), el cual, a solicitud del Programa Cultural de las Fronteras, fue inmediatamente adaptado y realizado en capítulos por el propio autor para la serie radiofónica Bordando la Frontera (título mismo que el programa tomó de una de las canciones de López), que estuvo semanalmente al aire durante seis meses hasta terminar ese año (el libreto de Rolando Trokas, el trailero intergaláctico: una radionovela musical en vivo para Cantante y Locutor, fue publicado por editorial Quinqué en 1992). A lo anterior habrá que sumarle El Castigador, obra de teatro de José Joaquín Blanco; Al fuego y la obra Lírica en 1997, dirigidas por Sergio Zurita.

A mediados del '90 colaboró en el despegue del suplemento El Dominical del periódico El Nacional, publicando semanalmente una columna llamada Las cábulas de López . El libro Lírica de Cal y Arena, es un compendio de lo que tenía escrito a mano López en sus cuadernos.


En esta última década del siglo, ha participado también en los conciertos masivos del Festival Histórico de la ciudad de México en la Alameda Central de la misma (su "tierra de concreto adoptiva"), el primer Festival Internacional de la Raza realizado en Nuevo Laredo, Tamaulipas, por la frontera norte (su "madre patria") y, posteriormente, el tercer Festival Cultural de la Costa del Seno Mexicano (Tamaulipas) y el segundo Gran Festival Ciudad de México y abrió el concierto de Zuchero

Continúa hasta la fecha presentándose a solas en sus rolas en distintos locales del Distrito Federal y de provincia.


Finalmente, en el aspecto académico, Jaime López, egresado de la vasconceliana prepa 5 y desertor de Filosofía y Letras de la UNAM a muy temprano medio semestre sigue sosteniendo hoy en día que: "Por mi raza hablará... el Piporro".